De una forma extraña un candidato se fue desdibujando durante el avance de la campaña electoral. Pese a nunca cometer un traspié, ni en los debates, las entrevistas, o los diferentes actos de campaña, siendo siempre claro y consecuente, tuvo que ir viendo como de su base de votantes, salían a borbotones fugados, para adherirse a una bola de nieve electoral, que supuestamente representaba mejor los ideales de cambio.
Pero no ha sido realmente así. La candidatura de Antanas Mockus creció muy fácil, sin demasiado esfuerzo, al menos no en lo político, aunque sí en lo visual y en lo simbólico. Este curioso personaje ha llegado a encabezar las encuestas reuniendo la intención de voto de un porcentaje de la población absolutamente ecléctico. Aunque se considera que principalmente se trata de estratos medios y medios altos, y de jóvenes. Pero en este cúmulo se encuentran izquierdistas de corazón – que creen que botarán su voto dándoselo a Petro, y ubican a Mockus más al centro de lo se merece -, apáticos – a quienes una campaña tan poco política les resulta más convincente que cualquier cosa -, uribistas redimidos – avergonzados por tanto escándalo - y sin redención – que no soportan la fealdad de Juan Manuel – uno que otro neo-nazi, y, por supuesto, los votantes fashionistas.
Esta diversidad demuestra que Mockus se convirtió por encima de cualquier cosa en un candidato cool, que se ha valido demasiado bien para justificarse a sí mismo de lo podrido que está el país, con lo cual simplemente decir algo como ‘’ yo no soy malo como ellos ‘’, pareciera suficiente. Apela entonces a valores humanos esenciales, que cualquier candidato debería tener, y que sólo en un país tan sucio como Colombia bastan como eslóganes de campaña. ¿En dónde más se consiguen tantos votos con sólo decir que sé es honesto y que se impondrá la honestidad y la transparencia como ley?
No se me malentienda. Apoyo estas iniciativas, y sé que son de importancia capital para el estado actual de las cosas. Pero más allá de eso no veo que Antanas Mockus represente una verdadera transformación de las cosas, sobre todo si es él sólo rodeado, por ejemplo, de un congreso lleno de tramposos y malintencionados.
Mi voto será por Gustavo Petro aunque no sea tan cool , las encuestas lo ubiquen por momentos de sexto, y las niñas lindas de las universidades me restrieguen todo el día sus camisetas verdes y manillas. Aunque casi todos mis compañeros de universidad se manden girasoles por Facebook, y mi hermano me haya declarado que aunque sabe que Gustavo es el mejor, votará por Mockus porque es el posible.
Para mí Mockus se ha desdibujado. No sólo porque no sea de izquierda, contrario a lo que muchos ingenuamente creen. Sino porque su mismo discurso e imagen no me generan confianza. Lo considero un hombre muy valioso, y en algún momento me hizo dudar del destino de mi tarjetón el próximo 30. Pero decidí que no me sentiría honesto votando por un candidato que no me convence – como muchos están pensando hacer simplemente porque hay que ganarle a Santos -, cuando hay uno que desde hace años me enamoró con su claridad, su contundencia, y, aunque sé que ha cometido errores, es aquel que mejor entiende mis inquietudes, y cuya imagen del progreso más se parece a la mía.
Petro es tan brillante y valora tanto el poder de la educación como Mockus. De igual forma considera sagrados los dineros públicos, y se indigna más que nadie con la infiltración de las más altas esferas del estado por parte de delincuentes. Sólo que esta sociedad lo ha satanizado por estar en contra. En cambio la ambigüedad de Mockus lo ha favorecido, porque – a pesar de ser en términos económicos un continuista – hordas de jóvenes lo ven como el mejor de los antiuribe, a la vez que tiene las herramientas suficientes – distanciamento del polo, y excesiva reverencia por los gobiernos de Uribe – para ganarse a buena parte de ese setenta y algo por ciento que dice tener una imagen favorable de nuestro presidente.
Mi voto es por Petro, no porque sea del polo, ni porque yo tenga una programación automática para siempre votar por gente de izquierda. Lo es porque su compromiso con los recursos naturales, con la paz, con la libertad y la justicia es el más fuerte y más inspirador de todo. Porque respeta profundamente la constitución y al mismo tiempo sabe que hay leyes que pueden replantearse. Porque rechaza a las FARC porque sabe que estas, con su repetidas violaciones a los derechos humanas y su acentuación como grupo criminal, han perdido toda facultad de verdaderos revolucionarios, de ejercito del pueblo. Pero al mismo tiempo entiende que estas son producto de un país con hambre, de un país que no ha dejado de sembrar violencia proveniente de todas las direcciones, y que es necesario empezar a sanar esas heridas ya. Eso es lo que él apunta, pero al parecer el señor Antanas entendió otra cosa.
También porque reconoce que su visión del socialismo no tiene nada que ver con la de Chávez, ya que la de este no tiene nada de moderna y se basa en la supresión de libertades individuales, valor que para Petro debe ser preservado con todos los esfuerzos posibles.
Gustavo Petro va más allá de su partido. Es un hombre que entiende los problemas del país, y que, distinto a los injustos estereotipos de ‘’ mamerto ‘’, es el más mesurado, pacífico y centrado de los candidatos.
Me será difícil convencer a cualquiera de que haga el acto de fe y vote por el candidato que ha sido reconocido como uno de los más hábiles en los debates, y con uno de los programas de gobierno mejor pensados, cuando se encuentra tan lejos de la punta en las encuestas. Pero de aquí hasta el 30 tengo la misión de seguir con dedicación el remate de esta campaña, y tratar de llevar a la mayor cantidad de gente posible a un estado de conciencia mayor acerca de qué es lo que va a elegir y a quién va elegir.
Y sus propuestas fundamentales. Vale la pena escuchar a este hombre siempre que sea posible:
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