lunes, 17 de mayo de 2010

¿Basta con ser honesto?


En la última columna de Antonio Caballero para semana, noté, quizás por primera vez, una actitud radicalmente distinta al melcochoso romance de los medios de comunicación impresos con Antanas Mockus. Hasta el momento, el muy efectivo hype se ha encargado de darle una dimensión filosófica y espiritual al hecho de adherirse a la causa de Mockus, y, muy acorde con la lógica de rectitud extrema del partido verde, trataba de hacer sentir como deshonestos politiqueros a todos aquellos que viéramos una opción distinta. ¿Nuevamente un líder con rasgos mesiánicos? Incluso Daniel Samper, a quien admiro, se volvió exagerado en su reverencia a este candidato.


Y no es que no confíe en que Antanas sea una persona de bien, y mejor en términos éticos que todos quienes durante estos últimos ocho años han rodeado al presidente Uribe, pero ¿ser honesto es suficiente? Es decir, yo soy honesto. Una vez haciendo una fila en McDonalds vi quince mil pesos tirados y le pregunté al hombre que estaba justo delante de mí si eran suyos. Lo interesante fue que el hombre dijo que sí, y bastante nervioso los agarro y abandono el lugar sin siquiera terminar de hacer su pedido.


¿Ven que soy honesto? ¿Me harían presidente?


Lo otro es que el discurso de Antanas se volvió recalcitrante y poco inventivo. Sí, la vida es sagrada. Se repite tanto y de tantas formas, que bien se podría llegar a través de un silogismo a: si no estás con Antanas, no respetas la vida. Como de hecho sugirió, aunque a través de otro camino, del candidato Petro. Una afirmación que no dista mucho del estilo clásico del uribismo.

Sabemos que el gobierno Uribe no tenía una actitud de respeto a la vida como esta – aunque jamás lo explicitó, hasta que las circunstancias lo hicieron evidente -, y si la fórmula Mockus-Fajardo lo logran sería una gran ganancia. ¿Pero no sería bueno hablar de otras cosas?


Ya hemos dicho que esta es una campaña excesivamente pedagógica, y ya muchos han reconocido que votar por esto es hacerlo no por un cambio político y social, sino de espíritu. Y que al menos empezando por allí el país entraría a experimentar un entorno más saludable. Esto puede ser verdad, pero ¿cuáles son las objeciones?


Escuchemos al senador Robledo:



Acerca de los puntos que señala el señor Caballero en su artículo, hablaré en profundidad después.

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