A falta de tan pocos días para que las urnas empiecen a llenarse de tarjetones marcados con las caras de algún presidente y vicepresidente, uno se pregunta qué tanto puede crecer alguna de las candidaturas. Aunque desde distintos puntos se ha instado a la población a votar conscientemente, y a entender que la lógica de una primera vuelta electoras es votar por aquel(la) con quien se tiene más afinidades - y que en la segunda es que vienen las estrategias - es difícil resistirse a la tentación de ver esto como un cabeza a cabeza entre Santos y Mockus, una lucha entre el continuismo y otra cosa - a la cual no se le podría llamar con certeza continuismo, pero tampoco oposición - por la cual hay que tomar partido.
Como se ha dicho, ahora parece que las encuestas hubiesen reemplazado a la primera vuelta. Porque con sus resultados es como si ya hubiesen sacado de contienda a siete de los candidatos. Y aunque se asegure con vehemencia que es casi imposible que esto se resuelva en una vuelta, el miedo de la gente a una misteriosa explosión a último momento de aquel a quien No quieren ver en la casa de Nariño se convierte en un aliciente para votar En contra de y no A favor de. Ya que se han visto casos en los que los resultados de las elecciones son grandes sorpresas en comparación con la última encuesta: Obama barrió a McCain cuando los últimos sondeos los ponían casi en empate. Ó hace cuatro años Carlos Gaviria aparecía siempre tercero, y a la hora de la verdad fue segundo doblando a Serpa.
En todo caso, para tranquilzar un poco, le recuerdo a los colombianos que lo que decide la primera vuelta es el hecho de sacar más del 50% de la votación, no ganarle por X o Y ventaja al segundo. Es decir que, si su más grande temor es ver a Santos consagrarse, ya sea que vote por Petro, Pardo, Mockus, Araujo, Devia, Noemí, o quien sea, su voto es igual de útil porque es uno menos para Santos, y uno más en el resto de votos que le harán más difícil a ese candidato lograr el 5o más uno. Si Santos obtiene un 49, no importa si el segundo quedó con 47, 26, 15 o 10, según entiendo: habrá segunda vuelta.
Obviamente, el hecho de obtener más o menos votos para los candidatos que quedan segundos, terceros, cuartos, etc, les dará más valor a sus nombres y causas, ya sea para las coaliciones en segunda vuelta, o simplemente para la organización del panoráma político de los siguientes cuatro años. Por eso mismo, entonces, vote por el que considera mejor. Su voto es un acto de fe y un reconocimiento a aquél candidato que, a su juicio, ha hecho las cosas tan bien. En segunda vuelta, ya veremos.
En la última columna de Antonio Caballero para semana, noté, quizás por primera vez, una actitud radicalmente distinta al melcochoso romance de los medios de comunicación impresos con Antanas Mockus. Hasta el momento, el muy efectivo hype se ha encargado de darle una dimensión filosófica y espiritual al hecho de adherirse a la causa de Mockus, y, muy acorde con la lógica de rectitud extrema del partido verde, trataba de hacer sentir como deshonestos politiqueros a todos aquellos que viéramos una opción distinta. ¿Nuevamente un líder con rasgos mesiánicos? Incluso Daniel Samper, a quien admiro, se volvió exagerado en su reverencia a este candidato.
Y no es que no confíe en que Antanas sea una persona de bien, y mejor en términos éticos que todos quienes durante estos últimos ocho años han rodeado al presidente Uribe, pero ¿ser honesto es suficiente? Es decir, yo soy honesto. Una vez haciendo una fila en McDonalds vi quince mil pesos tirados y le pregunté al hombre que estaba justo delante de mí si eran suyos. Lo interesante fue que el hombre dijo que sí, y bastante nervioso los agarro y abandono el lugar sin siquiera terminar de hacer su pedido.
¿Ven que soy honesto? ¿Me harían presidente?
Lo otro es que el discurso de Antanas se volvió recalcitrante y poco inventivo. Sí, la vida es sagrada. Se repite tanto y de tantas formas, que bien se podría llegar a través de un silogismo a: si no estás con Antanas, no respetas la vida. Como de hecho sugirió, aunque a través de otro camino, del candidato Petro. Una afirmación que no dista mucho del estilo clásico del uribismo.
Sabemos que el gobierno Uribe no tenía una actitud de respeto a la vida como esta – aunque jamás lo explicitó, hasta que las circunstancias lo hicieron evidente -, y si la fórmula Mockus-Fajardo lo logran sería una gran ganancia. ¿Pero no sería bueno hablar de otras cosas?
Ya hemos dicho que esta es una campaña excesivamente pedagógica, y ya muchos han reconocido que votar por esto es hacerlo no por un cambio político y social, sino de espíritu. Y que al menos empezando por allí el país entraría a experimentar un entorno más saludable. Esto puede ser verdad, pero ¿cuáles son las objeciones?
Escuchemos al senador Robledo:
Acerca de los puntos que señala el señor Caballero en su artículo, hablaré en profundidad después.
Para los visitantes de otros países: El próximo 30 de mayo se llevará a cabo la primera vuelta electoral para elegir al nuevo presidente de Colombia, que gobernará entre 2010 y 2014. Hay un total de 9 campañas, de las cuales las más fuertes son las de los candidatos Juan Manuel Santos (Partido de la U) y Antanas Mockus (Partido Verde)
De una forma extraña un candidato se fue desdibujando durante el avance de la campaña electoral. Pese a nunca cometer un traspié, ni en los debates, las entrevistas, o los diferentes actos de campaña, siendo siempre claro y consecuente, tuvo que ir viendo como de su base de votantes, salían a borbotones fugados, para adherirse a una bola de nieve electoral, que supuestamente representaba mejor los ideales de cambio.
Pero no ha sido realmente así. La candidatura de Antanas Mockus creció muy fácil, sin demasiado esfuerzo, al menos no en lo político, aunque sí en lo visual y en lo simbólico. Este curioso personaje ha llegado a encabezar las encuestas reuniendo la intención de voto de un porcentaje de la población absolutamente ecléctico. Aunque se considera que principalmente se trata de estratos medios y medios altos, y de jóvenes. Pero en este cúmulo se encuentran izquierdistas de corazón – que creen que botarán su voto dándoselo a Petro, y ubican a Mockus más al centro de lo se merece -, apáticos – a quienes una campaña tan poco política les resulta más convincente que cualquier cosa -, uribistas redimidos – avergonzados por tanto escándalo - y sin redención – que no soportan la fealdad de Juan Manuel – uno que otro neo-nazi, y, por supuesto, los votantes fashionistas.
Esta diversidad demuestra que Mockus se convirtió por encima de cualquier cosa en un candidato cool, que se ha valido demasiado bien para justificarse a sí mismo de lo podrido que está el país, con lo cual simplemente decir algo como ‘’ yo no soy malo como ellos ‘’, pareciera suficiente. Apela entonces a valores humanos esenciales, que cualquier candidato debería tener, y que sólo en un país tan sucio como Colombia bastan como eslóganes de campaña. ¿En dónde más se consiguen tantos votos con sólo decir que sé es honesto y que se impondrá la honestidad y la transparencia como ley?
No se me malentienda. Apoyo estas iniciativas, y sé que son de importancia capital para el estado actual de las cosas. Pero más allá de eso no veo que Antanas Mockus represente una verdadera transformación de las cosas, sobre todo si es él sólo rodeado, por ejemplo, de un congreso lleno de tramposos y malintencionados.
Mi voto será por Gustavo Petro aunque no sea tan cool , las encuestas lo ubiquen por momentos de sexto, y las niñas lindas de las universidades me restrieguen todo el día sus camisetas verdes y manillas. Aunque casi todos mis compañeros de universidad se manden girasoles por Facebook, y mi hermano me haya declarado que aunque sabe que Gustavo es el mejor, votará por Mockus porque es el posible.
Para mí Mockus se ha desdibujado. No sólo porque no sea de izquierda, contrario a lo que muchos ingenuamente creen. Sino porque su mismo discurso e imagen no me generan confianza. Lo considero un hombre muy valioso, y en algún momento me hizo dudar del destino de mi tarjetón el próximo 30. Pero decidí que no me sentiría honesto votando por un candidato que no me convence – como muchos están pensando hacer simplemente porque hay que ganarle a Santos -, cuando hay uno que desde hace años me enamoró con su claridad, su contundencia, y, aunque sé que ha cometido errores, es aquel que mejor entiende mis inquietudes, y cuya imagen del progreso más se parece a la mía.
Petro es tan brillante y valora tanto el poder de la educación como Mockus.De igual forma considera sagrados los dineros públicos, y se indigna más que nadie con la infiltración de las más altas esferas del estado por parte de delincuentes. Sólo que esta sociedad lo ha satanizado por estar en contra. En cambio la ambigüedad de Mockus lo ha favorecido, porque – a pesar de ser en términos económicos un continuista – hordas de jóvenes lo ven como el mejor de los antiuribe, a la vez que tiene las herramientas suficientes – distanciamento del polo,y excesiva reverencia por los gobiernos de Uribe – para ganarse a buena parte de ese setenta y algo por ciento que dice tener una imagen favorable de nuestro presidente.
Mi voto es por Petro, no porque sea del polo, ni porque yo tenga una programación automática para siempre votar por gente de izquierda. Lo es porque su compromiso con los recursos naturales, con la paz, con la libertad y la justicia es el más fuerte y más inspirador de todo. Porque respeta profundamente la constitución y al mismo tiempo sabe que hay leyes que pueden replantearse. Porque rechaza a las FARC porque sabe que estas, con su repetidas violaciones a los derechos humanas y su acentuación como grupo criminal, han perdido toda facultad de verdaderos revolucionarios, de ejercito del pueblo. Pero al mismo tiempo entiende que estas son producto de un país con hambre, de un país que no ha dejado de sembrar violencia proveniente de todas las direcciones, y que es necesario empezar a sanar esas heridas ya. Eso es lo que él apunta, pero al parecer el señor Antanas entendió otra cosa.
También porque reconoce que su visión del socialismo no tiene nada que ver con la de Chávez, ya que la de este no tiene nada de moderna y se basa en la supresión de libertades individuales, valor que para Petro debe ser preservado con todos los esfuerzos posibles.
Gustavo Petro va más allá de su partido. Es un hombre que entiende los problemas del país, y que, distinto a los injustos estereotipos de ‘’ mamerto ‘’, es el más mesurado, pacífico y centrado de los candidatos.
Me será difícil convencer a cualquiera de que haga el acto de fe y vote por el candidato que ha sido reconocido como uno de los más hábiles en los debates, y con uno de los programas de gobierno mejor pensados, cuando se encuentra tan lejos de la punta en las encuestas. Pero de aquí hasta el 30 tengo la misión de seguir con dedicación el remate de esta campaña, y tratar de llevar a la mayor cantidad de gente posible a un estado de conciencia mayor acerca de qué es lo que va a elegir y a quién va elegir.
Un vídeo del año pasado, cuando estaba compitiendo en la consulta del Polo democrático alternativo:
Y sus propuestas fundamentales. Vale la pena escuchar a este hombre siempre que sea posible:
Zoológico de ideas da la bienvenida a todo aquel que guste de que le compartan ideas y pensamientos alrededor de temas políticos, sociales y culturales, expresados con la seriedad que estos ameritan. Se trata de un espacio tolerante y ecléctico que toma partido por causas, pero que se encuentra siempre abierto a recibir refutaciones. El objetivo es ayudarme a mí a desembarazarme de ciertas cargas mentales y espirituales, y ayudarlos a ustedes a encontrar nuevos momentos de reflexión y análisis.
Vivo en una ciudad. Bonita, fea, grande, sucia, alegre. una ciudad que es como cualquiera y al mismo tiempo única e irrepetible. Aquí he crecido, aquí he aprendido. Tomé del medio lo que necesité y hago las cosas que ven.
Melómano, hacedor de falsos reportajes y productor de cortometrajes de zombies.