El domingo 30 de mayo debí levantarme muy temprano y alistar todo lo necesario para ir al coliseo del pueblo, en el sur de Cali, a cumplir con la noble misión de ser, por tercera vez en mi vida, jurado de votación.
Era el día en que por fin tendrían lugar las elecciones más promocionadas de la historia. Las que se prometían ser las más emocionantes. Un tarjetón con nueve candidatos, de los cuales seis tenían verdadero peso sobre la decisión del país, y dos se encontraban, gracias a las encuestas, en una posición predominante, en un cabeza a cabeza. También se pronosticó que debido al alto nivel de interés mostrado en general por el pueblo en esta campaña - al enorme fervor despertado por varios de los candidatos, y a la excesiva aparición de estos en múltiples escenarios -, presenciaríamos un nivel asombroso de asistencia a las urnas.
Pero aunque sí se notó mucho movimiento en las afueras del puesto de votación principal de mi ciudad, la frecuencia con la que las votantes - porque era una mesa de cédulas femeninas - se acercaban a sufragar era decepcionante. A veces pasaban hasta cinco minutos de inactividad. Y de pronto llegaba alguna pero en realidad no era allí donde le correspondía votar. Mucho desorden, mucha confusión, y aparentemente internet estaba dando información incorrecta.
Como a las doce del día dije, '' aquí si mucho votan 200 '', y eso porque le dí algo de crédito a la avalancha de votantes que siempre tiene lugar cuando faltan pocos minutos para el cierre. Pero la avalancha en nuestro caso fue una fila de tres votantes sobre las 3:40. Después de eso no votó nadie. 151 fue el total de sufragantes para un mesa con 800 inscritos.
Llegó el momento de contar los votos, y yo estaba nervioso porque mis compañeros empezaron a contar sin mí. Yo terminaba de llenar uno de los formularios. Cuando me di la vuelta ya tenían los resultados. A propósito, aprovecho para señalar que me tiene estresado la estupidez de los medios que no se cansan de alabar la supuesta mejoría en el trabajo de la registraduría y la empresa encargada de la transmisión de datos. Señores, no se cambió nada de nada. Y el mérito es de los jurados que hacen la tarea importante. Es lógico que los resultados salgan infinitamente más rápido cuando sólo es un tarjetón con sólo diez posibilidades de voto. Muy distinto cuando son cinco tarjetones, algunos de los cuales tienen hasta mil posibles elecciones. Señores Caracol y RCN, a ver si aprendemos algo de matemáticas. Me parece el colmo que hablen de la entrega de resultados como cualquier cosa, si no tienen ni idea de cómo funciona un formato '' cuentavotos ''. Recuerden: un jurado de votación hace el trabajo más valioso, y no se le dan ni las gracias.
Cierro paréntesis. Mis compañeros ya tenían anotados los resultados. Por un momento me pareció que Petro no había sacado más votos aparte del mío. Pero miré bien y eran diez papeletas con su imagen marcada, y como había vaticinado le ganó a Noemí, quien sacó siete. Como esperaba los cerros más altos eran de Mockus y Santos. Al menos en mi mesa la '' hecatombe '' no había ocurrido.
Vargas Lleras durísimo; 26 votos. Prevía su subida. Durante la última semana su campaña fue sobresaliente. Pardo peor de lo que uno esperaba; sólo 5. Ya me había olvidado un poco de Petro. Me conformaba que su votación hubiese sido decente. Yo sabía que no iba a ganar. Era un voto de fe, y tenía claro que la confrontación era otra. Mockus 54, Santos 47. Durante todo el día, cuando fui a almorzar, e incluso mientras recibía a los votantes, la Ola verde se me manifestó. Lo vi en hombres, mujeres, niños, jóvenes... las manillas, la camiseta, la actitud. Qué importa que en últimas Mockus sea un idiota político. Como decía Jebediah Springfield '' un noble espíritu engrandece al hombre más pequeño ''.
Ya no era petrista. Sólo quería ver como esta '' revolución de las cosas pequeñas '' le daba una cachetada a la vil máquina. Como una idea se imponía a los caciques, a los señorones, maestros en el arte de hacer política amañada. Como la persona normal, alegre, optimista y pacífica se imponía a la bestia belicista. Como la ingenuidad política le ganaba al exceso de viveza.
Entonces me movía de mesa en mesa, y, en todas, Mockus ganador, a veces por 7, otras por 12, en algunas por más de 20. Algún testigo verde me preguntó el resultado de mi mesa, y dijo '' Bien, ganamos otra. Hemos ganado en todas ''. Qué gran optimismo me inundó.
Entonces llamé a una gran amiga que era jurado en otra parte; contesta y dice de una '' qué mierda. Ya ganó este man ''. Y yo '' ¿Mockus? ''. '' No, Santos. Va arrasando ''. Y me quedé helado. Llamé a mi mamá y también estaba triste - ella sí votó por Mockus. Salí del coliseo con la impresión de que ni siquiera habría segunda vuelta. Vi a grupos de jóvenes verdes, entre cabizbajos y nerviosos con el radio en la mano. Cuando uno de ellos dice algo y la otra dice '' uy, me volvió el alma el cuerpo ''. Sí. La pesadilla no fue completa, y nos queda segunda vuelta, pero la atmósfera oscura y pesada que sentí al salir de mi puesto de votación no dista mucho de la poca esperanza que ronda ahora.
PD: Con Petro cumplimos. Una votación importante, y por ese lado quedé conforme. Aunque la idea era ser al menos terceros. Vargas Lleras creció mucho, pero lamentablemente no fue como yo esperaba, a costa de Santos, sino a costa de Mockus.